Entre el 30 de junio y el 9 de julio participé como voluntaria en el proyecto “Diagnóstico del estado de conservación del Qhapaq Ñan (componentes en Colombia) 2024”, tiempo durante el cual se realizó una prospección arqueológica en el área de influencia de un tramo declarado como patrimonio mundial por la UNESCO, ubicado en El Contadero, Nariño. A lo largo de esta experiencia, pude identificar la presencia de diversos elementos patrimoniales, tanto materiales como inmateriales, que confluyen en esta zona y que se encuentran muy presentes en la vida diaria y en los planes a futuro de miembros de la comunidad. Por otra parte, y desde una perspectiva investigativa, esta confluencia de patrimonios de diferentes temporalidades, gracias a la continuidad de uso del espacio en el tiempo, supone un campo de estudio muy interesante, ya que permite al investigador un acercamiento crítico frente al dinamismo de los objetos en función de los cambios sociales, culturales, económicos y políticos de los diferentes contextos históricos que les dan uso y significado.
Comenzando por los elementos materiales observados en la zona, lo primero que llama la atención al llegar al tramo son los muros de tapia que bordean el camino por ambos lados, y que pueden alcanzar hasta más de 2 metros de altura en algunas partes. Teniendo en cuenta la relación directa de estos muros con el trazado del camino, podría pensarse que estos también fueron elaborados en tiempos prehispánicos, pero gracias al aporte de miembros de la comunidad, nos enteramos que la elaboración de tapias es un oficio que estuvo vigente en la comunidad hasta hace tan sólo 30 años. De esta manera, don Marco Tulio Quenguán, un tapiador local, nos indicó cuales eran contemporáneas y cuales eran más antiguas, señalando que el grosor es un aspecto clave de diferenciación, enseñándonos además la herramienta con la que realizaba las tapias.

En cuanto al camino mismo, gran parte de él se encuentra debajo de pavimentaciones realizadas en los últimos 10 años. Sin embargo, hay dos pequeños tramos en donde aún es observable un empedrado superficial o características como su bordillo. Nuevamente, gracias al aporte de miembros mayores de la comunidad, supimos que el tramo que presentaba un empedrado fue realizado en los años 50’s, habiendo participado algunos de ellos en la ubicación de las piedras superficiales.

Entre los demás elementos patrimoniales encontrados en la zona, se encuentran una antigua tabacalera y tradiciones gastronómicas como la elaboración de champús, que en muchas ocasiones se elabora en ollas arqueológicas.

Tras esta experiencia, surgen dos reflexiones fundamentales. La primera de ellas es, desde la arqueología y demás ciencias sociales que estudian el pasado, ¿qué metodologías se deben emplear para determinar la cronología de un objeto o estructura? Como resulta evidente, la participación de la comunidad durante el desarrollo de la investigación es indispensable, teniendo en cuenta que el investigador es un agente externo que no está familiarizado con el territorio y sus dinámicas a lo largo del tiempo; en este caso particular, la identificación de estructuras contemporáneas es un punto clave, ya que en este territorio se dio una continuidad en el tiempo de oficios como la elaboración de tapias y el empedrado de calles.
Además de ello, las intervenciones arqueológicas en las estructuras suponen un acercamiento metodológico necesario para proporcionar mayores detalles sobre las características de la estructura, el origen de sus materiales y, posiblemente, la delimitación de una o varias cronologías.
En segundo lugar, y en esta misma línea, está claro que el investigador debe reconocer la responsabilidad que descansa sobre él, con respecto a la información que le brinda a la comunidad en cuanto aspectos característicos de los patrimonios que se encuentran en su territorio. La determinación de la cronología o la pertenencia a una cultura o a otra, por ejemplo, son elementos que se encuentran ligados a los cambios del contexto a medida que pasa el tiempo, si se tiene una ocupación constante del territorio. Para el caso de los caminos en El Contadero, evidentemente han sido intervenidos en diferentes momentos para temas de mantenimiento o mejorías a su estructura, por lo cual es un elemento patrimonial dinámico, y no estático, que contiene en su integridad elementos propios de diferentes momentos históricos, incluyendo el presente.
De esta manera, el tramo declarado ante la UNESCO ubicado en El Contadero, Nariño, y sus elementos relacionados, suponen una perspectiva temporal transversal, en donde en el presente se mantienen tradiciones y oficios que han permitido la permanencia en el tiempo del patrimonio de esta zona del país.
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El Equipo
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Investigación y Fotografía
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