Esta historia comenzó hace diez años, cuando movido por una pasión casi instintiva, empecé a recorrer mi pueblo natal. Hoy, que ya soy arqueólogo, fotógrafo y guía profesional de turismo, sigo buscando contar historias a mi manera. Mi propósito es que la memoria de La Mesa, Cundinamarca no se pierda y que, con mi lente y mis pasos, pueda ser guardián de los relatos que hacen que lo desconocido se vuelva conocido.

En tiempos remotos, varios de los caminos que he recorrido y que he dejado mis huellas, también lo hicieron pueblos indígenas, antiguos habitantes de la región, y también por figuras históricas como el Libertador Simón Bolívar, el General Francisco de Paula Santander, el Sabio Mutis y Francisco José de Caldas. Incluso personajes menos mencionados, pero imprescindibles en la historia nacional, como José Antonio Olaya y su hijo Francisco Julián Olaya, dejaron su marca en estas tierras.

Camino por “Dos Caminos” hacia San Nicolás. (Nayan Castillo Celis, 2024).

Alejándome un poco de esa historia que se repite en los libros, quiero decir —que aun cuando no era arqueólogo en ese entonces— decidí ir más allá y descubrir cada uno de los caminos de este municipio hermoso y complejo. Al principio, la metodología parecía sencilla: recorrer las rutas turísticas más conocidas, llegar a puntos fijos como el Salto de Las Monjas o la laguna de Pedro Palo/Tenasucá. Todo parecía fácil, especialmente cuando la ruta se trazaba previamente usando dos aplicaciones: Google Maps para una visión general y OpenStreetMap como guía principal para encontrar los senderos antiguos.

Una vez todo estaba listo, comenzaban mis travesías. Con el paso del tiempo se multiplicaron, hasta superar los 1.000 kilómetros recorridos en repetidas ocasiones. Y aunque parezca una cifra enorme, está claro que ese número seguirá aumentando, pues cada aventura conecta con caminos nuevos que quieren ser descubiertos y rescatados del olvido.

 

 

Camino “La Herrera” hacia Zipacón. Nayan Castillo Celis, 2018).

Lo cierto es que estas primeras salidas fueron de reconocimiento y búsqueda, pero ya no por caminos conocidos. La mayoría —por no decir todos— hoy están interrumpidos por vías modernas donde circulan motocicletas, automóviles o camiones.

Con cada kilómetro, las cosas se volvían más difíciles. Las rutas planeadas rara vez se completan: siempre aparece un sendero desconocido, uno del que no se tenía registro. Y la decisión casi siempre era la misma: tomar ese nuevo camino, asegurando que al menos mantuviera la dirección general. A veces funcionaba; otras veces no. Muchas veces me perdí. Tocaba regresar al punto de partida y retomar la ruta original. Aunque eso significaba más cansancio y tiempo, también se convertía en experiencia… y en la satisfacción de colocar un nuevo camino en el mapa.

Casona Hacienda Las Monjas. (Nayan Castillo Celis, 2024).

Cuando no había certeza sobre la continuidad de un sendero, lo mejor era preguntar a los habitantes de la zona. Sin embargo, muchos de esos caminos ya habían sido olvidados o simplemente no aparecía la persona indicada para guiarme. Ahí aprendí que este trabajo exige repetir los recorridos una y otra vez, porque tarde o temprano aparece alguien que conoce la historia correcta, alguien cuyas palabras llenan de sentido cada piedra y cada tramo del camino.

Más allá del miedo de perderme por tomar una ruta desconocida, siempre está el temor a que el tiempo se agote: que la luz del sol fuera cada vez menor. Las malas decisiones hicieron que en varias ocasiones estuviera aún caminando a las seis, siete u ocho de la noche, buscando un lugar donde pudiera tomar algún transporte para regresar a casa.

Es un trabajo empírico, complejo y agotador, pero profundamente gratificante. Entre más kilómetros se recorren, más se conoce el lugar donde uno nació. Se descubren sitios únicos y maravillosos que, con el paso del tiempo, se han ido olvidando debido al cambio en las formas de movilidad. Aquellos antiguos caminos, empinados y angostos —muchos no superan los dos metros de ancho— ya no sirven para los medios de transporte actuales.

Caminar por ellos se vuelve un desafío: llenos de basura y con una vegetación cada vez más espesa que convierte el recorrido en algo casi imposible. Para quienes no están acostumbrados, estos trayectos generan gran desgaste y probablemente los llevarían a desistir.

 

Estado actual del Camino El Resbalón. (Nayan Castillo Celis, 2025).

Muchos podrían pensar que caminar por un sendero o por otro es lo mismo, pero no es así. Cada camino tiene algo único, un carácter especial. Recorrerlo varias veces no hace la experiencia repetitiva; al contrario, siempre revela algo distinto.

Los caminos de La Mesa son espacios perfectos para salir con amigos, familiares o mascotas; para disfrutar del bosque tropical húmedo, respirar aire limpio y encontrarse con una gran variedad de especies nativas: desde colibríes hasta ocobos, almendros, orquídeas y heliconias. Aunque en ese entonces conocía poco sobre la historia local o sobre los caminos que pisaba, uno va empapándose de ella con cada paso. Estos senderos conectan con espacios patrimoniales como ocho de las estaciones del antiguo ferrocarril, y con haciendas históricas como Las Monjas y El Refugio, conocidas por haber sido residencia de los expresidentes Alfonso López Pumarejo y Alfonso López Michelsen. También permiten disfrutar del paisaje agrícola: cultivos de café, plátano, guanábana y muchos más.

Colibrí de bufón (Chalybura buffoni caeruleogaster). (Nayan Castillo Celis, 2024).

No queda más que decir: los caminos de La Mesa y los destinos a los que conducen son espacios que merecen un mejor uso. No deben seguir llenándose de basura, sino de pasos, historias y cuidado. Los invito a salir de la zona de confort, a conocer estos lugares hermosos, a recorrerlos con calma y, sobre todo, a contribuir en su conservación.

Hoy, varios de esos caminos ya no son más que carreteras; su esencia e historia se han perdido. Por eso, proteger los senderos que aún sobreviven es la mejor manera de mantener viva la autenticidad de este territorio.

Conoce

El Equipo

Nayan Castillo

Autor – Diseño Gráfico y Fotografía

Laura Suárez

Corrección de Estilo y Redacción

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