De la vieja expresión “todos los caminos llevan a Roma” viene esta vez la de “todos los caminos llegan a La Mesa”, una frase que ha ido tomando más fuerza a medida que se colocan en el mapa cada uno de los caminos de este municipio.

Todo inició hace ya cerca de diez años cuando sin mapa alguno, y mucho menos sabiendo de la basta riqueza patrimonial que queda en lo que llamo mi terruño, empezó un amplio interés por la historia de La Mesa, Cundinamarca. En ese entonces ni siquiera había iniciado mi carrera de arqueología, no sabía que el ferrocarril pasó por mi pueblo, y aún menos entendía qué eran esos caminos viejos a los que algunos les decían caminos reales y otros más como caminos de herradura.
La curiosidad pudo con todo, y poco a poco fui entendiendo a La Mesa de muchos años atrás. He encontrado mapas, de los cuales algunos no los logro descifrar y ubicarme espacialmente, algo muy importante para nosotros los arqueólogos, ya que las distintas materialidades que puede haber en lugar nos permiten interpretar muchas cosas de los pasados a los que se les pueden llegar a relacionar. Eso sí, siempre y cuando su contexto no haya sido afectado por actividades de expansión agrícola, urbana o la “guaquería”, que es casi siempre con la que nos encontramos los arqueólogos al momento de estudiar un sitio.
Ahora bien, pero ¿por qué digo que todos los caminos llegan a La Mesa, haciendo esa comparación casi que absurda con la que alguna vez fue la capital del mundo, Roma? Y es que, por allá en Eurasia, conectar hasta el más pequeño rincón de este basto imperio con su capital era una necesidad ya que esta ciudad funcionó como el centro político administrativo, económico y militar, lo que influyó directamente en crear todo un sistema vial que le ayudara a movilizar productos, mercancías, tropas militares, entre otros. Si se lleva esta dinámica al caso particular de La Mesa, puede aplicarse porque esta población siempre destacó desde su fundación como un centro político y administrativo potenciado por sus dinámicas comerciales, y no en vano obtuvo títulos como el de capital de cantón y provincia que da cuenta de ello.
De esa manera, partiendo con este postulado resulta que al caminar gran parte de los caminos que hay en La Mesa, algunos de ellos ya convertidos en carreteras veredales de manera parcial o total, se puede ver con claridad que estos en definitiva conforman una red vial de gran relevancia. Claramente no al nivel del imperio romano, pero si en una escala menor a la que se puede llegar a hacer esta comparación por muy loca que parezca.
Para ello, hay que entender varias de las razones por las que se hace dicha afirmación:
1. Ubicación estratégica:
La Mesa se encontraba históricamente en la mitad de lo que era el camino real de Santafé (actualmente Bogotá) con Tocaima, lo que conllevó a que desde sus inicios se crearan unas dinámicas comerciales que iban en aumento con el pasar de los años. Tanto así, que se llegó a reconocer a La Mesa como “la plaza de mercado más importante del interior”, y no en vano llegó a contar con más de 4 plazas de mercado: la plaza principal, la plaza de las papas, la plaza de los cerdos y la plaza del maíz y la miel.
Además de eso, alrededor de la plaza principal se fueron creando diferentes tiendas que potenciaron aún más las dinámicas comerciales, en las que locales y viajeros podían encontrar variedad de artículos necesarios en su cotidianidad, como por ejemplo la “Farmacia Internacional” de Don Leonidas Moreno, “La Talabartería” de Pastor Gómez, El bar “El Sena” del señor David Roa, el Almacén Samacá que hoy día perdura, y muchos otros más.
Por otra parte, también dentro de esas dinámicas comerciales están las más de 20 haciendas que llegaron a ser parte de La Mesa hasta mediados del siglo XX, de las cuales sobresalieron la de San Nicolás, Las Monjas, La Esperanza, Cacahual, Baltimores, Margaritas, San Javier y Zapata. Todas y cada una de estas producían variedad de productos, en los que por mencionar algunos se encontraban el café, la caña y el mango.
2. La geografía y topografía de La Mesa:
“La Mesa, pintoresca ciudad de templado clima, situada en una alta y angosta meseta”
(Posada, 1918).

La Mesa es un municipio con unas características geográficas particulares. Su casco urbano, que desde hace casi 250 años se encuentra sobre una meseta que se eleva a 1200 metros sobre el nivel del mar, influyó en gran medida para que a lo largo de su historia se fuera construyendo diferentes caminos, conformando así una importante red vial a lo largo de sus 143km2.
Dicha altura permitió que con el clima templado que lo caracterizó hasta hace más de una década, la gente pudiera traer productos tanto de climas fríos como de los más cálidos, convirtiendo a esta villa en el lugar idóneo para la venta de papas, maíz, café, caña, quesos, carnes y muchos otros productos que hacían parte de una gran oferta que podían encontrar las personas que llegaban a la que se conoce ahora como “la ciudad amable y cordial”.
3. El Ferrocarril de Girardot y las tres inspecciones
Con la llegada del ferrocarril a inicios del siglo XX a La Mesa, las dinámicas comerciales en las plazas de mercado y locales comerciales empiezan a afectarse rápidamente, ya que no fue posible que este entrara hasta el casco urbano por las grandes pendientes que se presentan al llegar hasta lo alto de la meseta. Por ello, este se construiría al margen del río Apulo que es donde se encuentran las menores alturas con pendientes no muy elevadas, dando como resultado la construcción de ocho estaciones ferroviarias donde serían las de San Joaquín, San Javier y La Esperanza las que generarían y concentrarían nuevas formas de comercio.
San Joaquín sobresalió como la plaza comercial de las frutas; San Javier como el lugar perfecto de veraneo, pues llegó a contar hasta con 5 hoteles; y La Esperanza sería la plaza de mercado, además del sitio por excelencia de veraneo para la clase alta colombiana.
Además de eso, el ferrocarril también incidió de manera directa en la reestructuración de haciendas y nuevos poblados. Por una parte, las grandes haciendas se dividieran en otras menores y, por otra parte, las tres estaciones a las que se hizo mención se volverían en pequeños centros urbanos, que hoy conocemos como inspecciones de policía.
Es así como el ferrocarril jugó un papel fundamental en la reestructuración de los viejos caminos, porque al no tener un solo centro comercial fue necesario crear nuevos caminos o en su defecto mejorarlos, ya sea con un ancho mayor o realizando su respectivo empedrado para facilitar el transporte de las recuas de mulas que cada vez aumentan ante una mayor producción y un aumento poblacional, que pasó de concentrarse en su mayoría en el casco urbano como venía sucediendo desde finales del siglo XVIII hasta finales del siglo XIX.
En ese orden de ideas, se puede concluir que la gran cantidad de caminos que se encuentran en La Mesa se debe, en principio, a las dinámicas comerciales a nivel local y regional en las que estuvo inmerso el pueblo. Allí, las haciendas funcionaron como los centros de producción, los caminos como el medio en el que se movilizaron estos productos, y el centro urbano de La Mesa con sus cuatro plazas de mercado y luego las estaciones del ferrocarril con su llegada serían los centros de distribución y consumo.
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El Equipo
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